martes, 15 de octubre de 2013

La ceremonia del clavo en la antigua Roma


Horacio presenta el clavo como uno de los atributos de la diosa romana Necessitas, así como previamente lo había sido de la etrusca Nortia, divinidad del destino y el azar. Según Tito Livio, en el templo de Nortia los etruscos clavaban un clavo por el año nuevo para marcar el tiempo. Mediante ese clavo, el destino del pueblo etrusco quedaba fijado e inamovible durante todo el año.

Los romanos fueron herederos de esta vieja tradición. Desde antiguo existía en Roma la costumbre, durante los idus de septiembre, de fijar un clavo de bronce en el templo de Júpiter Capitolino, en el lado derecho de la cella de Júpiter, junto a la de Minerva. Era el ritual del clavus annalis o clavus figendus, un modo de fijar la cronología y llevar el cómputo de los años en unos tiempos en los que no abundaban los registros escritos. Se elegía este emplazamiento para la ceremonia porque se atribuía a Minerva la invención de los números.

El primero de ellos se clavó en el 508 a. C., al año siguiente de la consagración del templo por el cónsul Marco Horacio Pulvilo tras la expulsión de los reyes, y se repitió cada aniversario junto con un banquete en honor a Júpiter. 

Con el tiempo pasó a celebrarse el rito cuando alguna grave circunstancia que amenazaba a la ciudad así lo aconsejaba. La tarea, a cargo inicialmente del pretor máximo, se transfirió a uno de los cónsules, y finalmente a los dictadores —magistrados con poderes extraordinarios— en el 363 a. C., con motivo de una plaga que ya duraba dos años y estaba causando estragos entre la población. 


Dentro de estas crisis que aconsejaban la ceremonia, se encontraban precisamente las epidemias que ocasionaban gran mortandad, pero también cualquier otro fenómeno considerado un prodigio. Los romanos creían que el rito ayudaba a mitigar la pestilencia y contribuía al bienestar del Estado. Se recordaba que en una ocasión en la que Roma se había visto estremecida por una peste, esta había remitido de pronto cuando se celebró el rito, e imaginaron que había una relación de causa-efecto. Ellos pensaban que, al quedar así el mal aprisionado por el clavo, el porvenir sería dichoso. Por esta razón comenzaron a repetirlo en tiempos de especial necesidad. 

Para realizarlo se designaba a un dictador llamado dictator clavi figende causa, cuya misión era clavar el clavo en el templo. El dictador se presentaba en el Capitolio y, después de haber dirigido sus votos a los dioses, fijaba el clavo en la pared, aplacando con ello la cólera de los dioses.

El ritual fue reformado por Augusto, que en el año 1 lo transfirió al nuevo templo de Mars Ultor (Marte Vengador), donde se guardaba la espada de César. Desde entonces era un censor el encargado de realizar la ceremonia.


Otra de las ocasiones durante las que los romanos consideraron oportuno servirse de este rito fue en el año 331 a. C., cuando tuvo lugar el primer gran proceso por envenenamiento en Roma. Ese año muchos ciudadanos destacados fallecieron a consecuencia de misteriosas enfermedades. Las muertes se debían posiblemente a alguna epidemia, pero una esclava se presentó entonces ante el edil curul, Q. Fabio Máximo, afirmando que se trataba de veneno y ofreciéndose a delatar a las culpables a cambio de obtener el perdón para sí. Una vez obtenido, condujo a Fabio hasta el lugar donde algunas matronas preparaban supuestos venenos que suministraban después a sus víctimas. 

Encontradas las sustancias sospechosas, unas veinte matronas fueron convocadas en el foro. Dos de ellas, Cornelia y Sergia, ambas patricias, afirmaron que se trataba de venena bona, es decir, sustancias con propiedades beneficiosas para la salud y con las que elaboraban remedios para las víctimas de la peste en lugar de venenos. La esclava las retó a ingerir ellas mismas sus pociones para demostrar la falsedad de las acusaciones, lo que el edil curul las obligó a hacer. El resultado fue que todas murieron.

Se nombró una comisión presidida por el edil curul para investigar los hechos, algo que condujo a la detención de muchas otras matronas. Más de 170 fueron condenadas a muerte.

En aquel tiempo los envenenamientos eran aún tan poco practicados en Roma que ni siquiera se había pensado hasta entonces en hacer una ley que los castigara. El asunto era tan grave que se consideró que lo sucedido había sido un prodigium, es decir, un fenómeno sobrenatural señal de la ira divina y que debía ser explicado por los augures. Fue necesario purificar la ciudad y proceder a la ceremonia del clavo, como tiempo de gran calamidad pública. 


Los romanos tenían otras supersticiones igualmente asociadas a los clavos: Plinio aconseja poner uno como remedio contra la epilepsia, que ellos consideraban una maldición de los dioses, justo en el lugar en el que la persona se había golpeado la cabeza al caerse. De ese modo la epilepsia se quedaría apresada allí.

Además se colocaban clavos con fórmulas mágicas en las tumbas, según una opinión como amuletos cuya misión era impedir que los cadáveres fueran profanados, pero según otras voces para que los muertos no pudieran abandonar su tumba.


23 comentarios:

  1. Eran la mar de supersticiosos estos romanos. Yo no, porque da mala suerte.
    Habrá que poner un clavo en el Congreso y en las sedes de Ayuntamientos y Gobiernos Autónomos para que no entren ladrones ni corruptos.
    Un saludo.

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    1. Uy, no sé, no vaya a ser que el clavo los deje pegados a los gobiernos para siempre!

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  2. Pues madame menos mal que yo no viví en esa época porque habría claveteado toda mi cada. Me encantan los clavos pero no por superstición. Esta ceremonia tiene su lógica aunque sea supersticiosa. Mire que lo de los venenos y vuelta a la Corte sin querer.
    Bisous y buenas noches

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    1. Madame, qué cosa tan curiosa que le gusten a usted los clavos! Le aseguro que nunca lo hubiera imaginado.
      Bueno, entonces es fácil acertar con su regalo de cumpleaños!

      Feliz día

      Bisous

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  3. Madame, como hubiera que poner un clavo por todas las desgracias y las epidemia no habría clavos suficientes en Roma. Me llama la atención que los romanos fueran tan supersticiosos.
    Bisous.

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    1. No, no era para todas las desgracias y epidemias, sino solamente para las grandes tragedias con especial mortandad o alguna circunstancia realmente única.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  4. Como se nota que estaban todo el santo día imaginando cosas para poder agradar a sus divinidades por este lado bien como en el caso del clavo:pero estas matronas y sus pócimas: era peor el remedio que la enfermedad.

    Aun hay muchas superticiones aunque las disimulamos un poco...pero haberlas hailas.

    Buenas noches madame.

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    1. Sí, las supersticiones siguen acompañando al ser humano, y muchas de ellas son precisamente heredadas de los romanos, aunque no la del clavo.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  5. Buenos días, Madame.

    Entiendo que darle validez a cuestiones que están más allá de todo planteamiento racional es inherente al ser humano. Consciente o inconscientemente, a todo el mundo le gusta el misterio y lo maravilloso. Aunque haya que clavar clavos...

    Por cierto, ¿qué pasaba si el encargado de clavar el clavo era torpe y rompía o doblaba el clavo en el intento?

    Muy interesante historia, Madame. Como siempre. Disfrute del día.

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    1. Uy, me imagino que los augurios hubieran atormentado a la ciudad todo el año. No le arrendaba yo las ganancias al dictador. No sé si es que ensayaban mucho en su casa, pero no consta que se haya producido tal torpeza.

      Feliz día

      Bisous

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  6. ¡La cantidad de tonterías, vistas desde nuestra visión actual, que ha hecho el hombre a lo largo de la historia apoyado en las supersticiones! No había leído nada antes referente a este rito del clavo, Madame, y me ha parecido muy curioso.
    Bisous.

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    1. Y sin embargo nosotros continuamos llenos de supersticiones. Estas van cambiando en su mayoría, pero siguen estando presentes incluso hoy.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  7. pues qué sencillo. con un clavo lo arreglamos todo. qué amantes de la parafernalia y de la cucamona que somos. en fin. y eso de que un clavo saca otro clavo... qué, en qué lugar nos deja...
    están locos estos romanos.

    buen miércoles madame!
    bisous!!

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    1. Es que ya sabe, monsieur, por un clavo una herradura... y total que al final se acababa perdiendo la guerra por un clavo.

      Feliz día, monsieur, ya jueves. Voy con retraso, como ve :)

      Bisous

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  8. Las supersticiones romanas entonces se consideraban normales. ¡Cuántas cosas que hoy consideramos el pan nuestro de cada día se criticarán no dentro de mucho por ser de gente atrasada e inculta! En la historia los acontecimientos políticos y económicos suceden de una manera más rápida, pero las creencias y tradiciones se transforman muy lentamente. ¿Regalos en Navidad? ¿Hogueras en San Juan? ¿Esculturas paseadas por las calles? En unas décadas estas tradiciones serán motivo de risa como los clavos romanos.
    Un beso

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    1. Pues sí, nuestras costumbres resultarán muy pintorescas contempladas desde la perspectiva que da el tiempo. Pero incluso hoy somos conscientes de que la superstición está presente en multitud de actos cotidianos. ¿Quién no ha tocado madera alguna vez?

      Feliz día,madame

      Bisous

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  9. Hola Madame:

    Me llamó la atención lo del clavo y la epilepsia. Hace tiempo estuve en casa de un paciente que había tenido un ataque epiléptico. Su abuelo había puesto un clavo dorado donde se golpeó la cabeza (era en el suelo). Me dijo algo sobre que en su familia se usaba para espantar la epilepsia. Mire Ud que ahora vengo a saber por donde viene el asunto...

    Me dio risa el comentario de Cayetano. Pero mejor no los clavemos ;D

    Besos

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    1. No me diga! Monsieur, no tenía ni idea de que la costumbre romana existiera aún en nuestros días! Qué cosas. Para que vea qué difícil es deshacerse de la superstición.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  10. Bonjour madame! me encanta su blog, aunque nunca habia comentado, ya hace tiempo que la leo. Estoy empezando un blog y me gustaria preparar una entrada con mis blogs favoritos, entre los cuales se encuentra el suyo. Le importaria que hiciera mencion de su blog en el mio? :) Gracias por sus historias. La leo.

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    1. Madame galletita, muchas gracias. Por supuesto que puede usted mencionar mi blog si gusta. Sea bienvenida.

      Feliz día

      Bisous

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  11. Primero en serio: ha sido un artículo sobre asunto muy interesante del que no sabía nada; y ahora en broma: la próxima vez que coja una gripe cambiaré algunos cuadros de sitio. Ya supondrá qué espero de los clavos de los que los colgaré.
    Beso su mano.

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    1. Monsieur, con la temporada que lleva, a ver si va a machacarse el dedo con el martillo! Tenga usted cuidado :)

      Feliz día

      Bisous

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    2. Así me gusta, que ni usted ni yo perdamos el sentido del humor.
      Vuelvo a besar su mano.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)