viernes, 21 de junio de 2013

Los vehículos en la antigua Roma


Roma era una ciudad bulliciosa que, como toda gran urbe, sorportaba un gran flujo de vehículos. A finales de la República la litera (lectica) se había convertido en un medio de transporte habitual. Se trataba de una estructura con correas para sujetar un colchón y almohada, protegida con dosel y cortinas y especialmente utilizada por las mujeres. En el caso de los hombres, a menos que tuvieran algún impedimento físico o fueran ancianos, desplazarse en litera le atraía las censuras de sus conciudadanos, que lo consideraban afeminado.

En su interior se podía incluso leer y escribir cómodamente, y cuando se posaba sobre el suelo descansaba sobre cuatro patas, generalmente de madera. Esclavos fuertes, con ricas libreas rojas, llevaban la litera sobre sus hombros por medio de palos que podían retirarse en cualquier momento, pues no estaban fijos. Eran los lectiarii, y su número oscilaba entre dos y ocho, dependiendo de las necesidades de cada caso y de la ostentación que cada romano quisiera hacer. Por delante iba otro esclavo llamado anteambulo, encargado de abrir camino a la litera al grito de “¡paso a mi señor!”. Cuando esto no daba resultado, siempre quedaba como recurso los codazos y empujones sin ninguna contemplación. Los sirios, germanos, celtas y posteriormente capadocios eran solían ser empleados como transportistas, variando su número según el tamaño de la litera. Cada buena casa romana contaba con una o varias, profusamente adornadas, además de los esclavos para transportarlas, pero también había en Roma literas de alquiler cuya parada estaba en el XIV regio trans Tiberim. 

Al principio, cuando este vehículo se introdujo en Roma, probablemente en el siglo III a. C., se empleaba casi exclusivamente para viajes, y rara vez para desplazarse por el interior de la ciudad, con excepción de la lectica funebris. Estas tenían por misión transporte de los muertos hasta su lugar de enterramiento. Claro que no estaban al alcance de todo el mundo, y los difuntos más pobres tenían que conformarse con ser transportados en un féretro modesto llamado sandapila y que iba a hombros de vespae o vespillones, así denominados porque trasladaban el cuerpo al anochecer (vespertino tempore). El material de la lectica funebris dependía del rango del difunto. La de Augusto, por ejemplo, era de marfil y oro, cubierta con dosel púrpura y dorado. En estos casos en los que el difunto podía permitirse un funeral más pomposo, el cuerpo solía ser transportado por los parientes más próximos. Julio César lo fue por los magistrados, y Augusto por los senadores.


Similares a esta clase de vehículos eran los destinados a las personas enfermas o inválidas. Con el tiempo llegó a haber tantas literas de todas clases en Roma que Julio César se vio obligado a limitar su uso. En tiempos de Claudio, el privilegio de usar una litera por el interior de la ciudad era aún un gran honor que el emperador distribuía entre sus favoritos, pero poco a poco fueron imponiéndose de nuevo entre la clase acomodada.

Durante la época del Imperio se estimó que las cortinas no eran suficiente protección, y comienzan a encontrarse lecticae cerradas por los lados y con ventanas hechas de la piedra transparente llamada espejuelo (lapis specularis). 

Similar a la litera era la basterna, con cama o colchón, cubiertas y ventanas laterales, pero se diferenciaba en que solía ser transportada por mulas, una delante y otra detrás, en lugar de por esclavos. El encargado de conducir las mulas se llamaba basternario.

La silla portátil (sella gestatoria o portatoria), frecuente durante el Imperio, era utilizada principalmente los emperadores y los cónsules. El viajero iba sentado, y era transportado también por cuatro esclavos mientras el quinto, con un bastón en la mano como distintivo de su cargo, guiaba al vehículo y abría paso. La parte superior de la silla podía estar cubierta y cerrarse con cortinas, aunque también había sillas descubiertas.

Para los viajes se empleaban carruajes, pero su uso estaba restringido por ley. En tiempos de la República se permitía su uso a las mujeres respetables de la ciudad, pero Julio César, ante los problemas de tráfico que causaban, lo restringió. Se permitía ir en carruaje a las vestales, y al soberano en ciertas procesiones sagradas, así como al general triunfador y a los magistrados en la procesión que precedía a los juegos del circo.


El essedum era un carro muy ligero, de solo dos ruedas y pensado para transportar únicamente al conductor. Era muy habitual verlos circular por Roma, y sus propietarios hacían ostentación adornándolo con materiales preciosos según sus posibilidades. Se utilizaba principalmente para recorridos cortos, o bien cuando se necesitaba acudir con rapidez a algún lugar.

El cissium era un carro muy ligero tirado por dos caballos en el que, a diferencia del essedum, podían viajar hasta tres personas. Además podía alquilarse, con o sin conductor.

El carpentum era un carro de dos ruedas cubierto por una lona, pero la palabra iba a pasar a designar de modo genérico cualquier tipo de carro. Sus constructores eran los carpentarii, de donde deriva la palabra carpinteros.

La carruca, también tirada por mulas, era un coche de lujo, un carro más grande, de cuatro ruedas y cubierto, con capacidad para albergar a toda la familia y para que sus ocupantes pudieran acomodarse para dormir. Formaban parte del séquito de los emperadores durante sus desplazamientos. Según Suetonio, Nerón nunca viajaba con menos de mil carrucas. Con los siglos, la carruca se transformó en la carroza. 

El reda, otro de los de cuatro ruedas, menos elegante y no tan cómodo, es el primero de los carros que aparece mencionado para viajes en los que un romano se desplazaba con su familia y su equipaje. Los sirvientes viajaban en el petorritum, descubierto y también con cuatro ruedas.

Por último el plaustrum, una carreta de dos ruedas tirada por dos bueyes, no servía para el transporte de pasajeros, sino de mercancías. Pero había también carros de mercado de cuatro ruedas que protegían la mercancía de la lluvia con una manta, y contaban con un escalón para subir. En el arco de Severo y la columna de Antonio se aprecian algunos carros de equipaje, todos cargados con piezas de armamento y provisiones en sacos y barriles.


La Lex Julia, aprobada en el 45 a. C., prohibía a los carros con mercancías circular por las calles de Roma durante las diez horas desde el amanecer hasta la puesta de sol, con excepción de los destinados a transportar los materiales para los grandes edificios.

A comienzos del siglo III los carruajes se hicieron más frecuentes en las ciudades, aunque su uso permanecía como privilegio de los oficiales imperiales más elevados. Eran generalmente pesados, de ruedas con radios.

Numerosos esclavos seguían al carro de viaje o litera de los romanos ricos. Los miembros de la familia imperial y los ciudadanos más acaudalados llevaban lo mejor de su equipaje, platos preciosos y alfombras en una caravana de caballos de carga que iba tras ellos. Jinetes númidas, anunciadores, caballos de silla, mozos y esclavos domésticos precedían la caravana o cerraban la marcha.


14 comentarios:

  1. qué interesante saber que ya en Roma tenían delimitados los horarios por los que podía haber tráfico de mercancías.
    fatal ser de los que llevan la silla, fatal.

    buen finde, madame!
    bisous!

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  2. Parece que ya tenían problemas de tráfico en la Antigua Roma. ¿Cuál sería el indice de accidentes?
    Bisous y feliz fin de semana Madame.

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  3. MUCHAS GRACIAS POR SUS COMENTARIOS. ESTARÉ AUSENTE EL FIN DE SEMANA, PERO NOS VEREMOS PRONTO.

    BISOUS

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  4. Una gama variopinta de modelos de última generación, con tracción animal a las cuatro patas, modelos descapotables en su mayoría, colores para todos los gustos y me imagino que con rueda de repuesto. Lo de prohibir los carros ciertos días era por los regalos en forma de boñigas que dejaban en la vía pública los animalitos.
    ¡Si es que van como locos!
    Un saludo.

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  5. Ya acusaban los problemas que se generan en las metrópolis el tráfico...es normal con tanta gente.

    Muy interesante estos medios de transporte y sobre todo los nombres son sumamente curiosos.

    Muchas gracias madame por esta entrada.

    Bisous.

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  6. Hola Madame:

    Espero que su ausencia sea provechosa.

    Ya se notan en Roma los problema de toda gran ciudad con el tráfico. Imagino que uno tendría que ir viendo por donde pisaba, no fuese que se pisara algo blando y oloroso ;D.

    Casi a punto de usar los semáforos??

    Besos Madame

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  7. Interesante exposición, siempre me ha atrído el mundo romano y en cuanto a carruajes, aunque no sea para viajar siempre tendré en mi memoria la carrera de cuádrigas de Ben-Hur.
    Al final, los ricos viajaban en carro y los demás como pudieran. Siempre ha habido clases para todo.
    Un saludo, Madame.

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  8. Buenos días, Madame:

    Me ha parecido muy curioso que las literas se asociasen a mujeres. Imagino que más de uno con recursos le daría igual que le llamasen afeminado con tal de ir cómodo a todas partes.

    Por otra parte, me pregunto si esta gente no tenía miedo de que en los trayectos largos les asaltasen. Por la Sierra de Ronda o por Calabria en los "buenos tiempos" les ponía yo a pasear, a ver qué les ocurría.

    Como siempre, quedamos a sus pies. Que disfrute mucho del fin de semana. Un saludo.

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  9. Madame, me pregunto si esos vespae tendrán algo que ver con el nombre de aquellas Vespas de antaño...

    Como siempre, interesante.

    Buena tarde.

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  10. No sabía yo que los romanos tuviesen tantos modelos de carruajes.
    Saludos, madame. Un placer leerla.

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  11. Ya he vuelto Madame de mi exilio y peor de lo que me fui. Necesitaría una buena tanda de esclavos que me hicieran las cosas:-)
    Como siempre un post estupendo. Ya me iré poniendo al día,
    Buena semana
    Bisous

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  12. Veo que ya la regulación del tráfico ya era un problema entonces.
    Me ha encantado la entrada de Temístocle Solera. Vaya tipo. Hizo de todo. Una vida interesante donde las haya. Isabel, la nuestra digo, incontenible, como siempre.
    Beso su mano.

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  13. Me encanta que me descubráis siempre algo que desconocía, madame.
    Curioso como derivó de carpentarii a carpinteros, una palabra que incluye mas trabajos que construir únicamente carros.

    Y, ¡cuánta variedad de vehículos!. Todos con su nombre específico.

    Abrazos, madame!!

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  14. ya tenian problema con el trafico, muy buen post.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)