jueves, 31 de diciembre de 2009

Dioniso Baco II


Los Borrachos o el Triunfo de Baco - Velázquez

Encontrándose un día en la isla de Naxos, Dioniso vio en la orilla a una bellísima joven dormida. Era la hija de Minos, Ariadna, que Teseo había traído consigo de Creta tras matar al Minotauro, pero a quien después había abandonado. Afrodita la consoló haciendo que Dioniso la tomara por esposa y le regalara una corona de oro forjada por Hefesto. Los dioses asistieron a las bodas y cubrieron de regalos a ambos esposos. Ella, después de darle tres hijos: Evantes, Enopio y Estáfilo, obtuvo el don de la inmortalidad y fue transformada en lo que más se llevaba en la época: una constelación.

Dioniso conquistó la India, lo que hizo no sólo por la fuerza de las armas, sino también con un poco de trampa, mediante sus encantamientos y poder místico. Falta le hacían sus artes divinas, porque al parecer el ejército invasor en vez de lanzas y escudos empleaba pámpanos, troncos de vid y panderetas. Ahí tuvo su origen el cortejo triunfal con el que se acompañaba el dios, y que consistía en un carro tirado por panteras, adornado con pámpanos y yedra y acompañado por sátiros, silenos, bacantes y otras divinidades menores.

Otros mitos señalan que también visitó Mesopotamia y Egipto. Llegó a Tebas decidido a fundar una religión cuya finalidad consiste en abatir la soberbia de la razón humana mediante la exaltación de los instintos, el éxtasis, la magia y el misterio.




Tras estas gloriosas expediciones volvió a Grecia, pero ya no era el dios rudo de las montañas de Tracia, sino que se había afeminado tras su contacto con los asiáticos, y ahora poseía los rasgos de un hermoso adolescente vestido con una larga túnica y tocado con una guirnalda de flores. Su culto era un complejo de ritos desenfrenados, por lo que fue acogido con desconfianza y hostilidad. El rey de Tracia, Licurgo, se declaró contra él. Obligado a huir, buscó asilo cerca de Tetis, en las profundidades del mar. Después castigó a Licurgo, que había hecho prisioneras a las bacantes, volviendo estéril al país y privando de la razón al rey, que mató así a su propio hijo pensando que era una cepa de viña. La desolación no acabó en Tracia hasta que Licurgo, por orden del oráculo, fue llevado a la montaña Pangión y allí lo descuartizaron atado a cuatro caballos.

Dioniso tampoco fue bien acogido por Penteo, rey de Tebas, que a pesar de que era su primo lo encarceló. Dioniso se fugó y enloqueció a la madre de Penteo y de paso a todas las mujeres tebanas, que no tenían culpa de nada. Transformadas en Ménades, llegaron a Citerión para celebrar las fiestas en honor al dios. Penteo fue tan tonto de seguirlas. Estaba claro que nada bueno podría salir de aquella excursión, pero debía de ser un poco marujón y el impulso fue superior a él. Llegó en el momento en que las participantes se encontraban en pleno frenesí, de modo que su propia madre lo confundió con un animal y lo despedazó.




Algo parecido sucedió en Argos cuando sus habitantes se negaron a reconocer la divinidad de Dioniso. Volvió a tomarla con las mujeres, según la proverbial e inveterada misoginia griega, que asentaba sus reales desde que Hesíodo describió la creación de Pandora y encontró luego un buen continuador en Aristóteles: éste afirmó rotundamente que las mujeres eran biológicamente inferiores al varón. “La hembra es hembra en virtud de cierta falta de cualidades”, dijo incluso. Muy bella y ecuánime es también la opinión de Pitágoras, según el cual “Hay un principio bueno, que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo, que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer”. Según el concepto griego, una mujer sólo era valorada según su fertilidad, puesto que su papel quedaba relegado al hogar y a la reproducción, como meros recipientes. De modo que, al no deberles especial consideración, el dios enloqueció a las pobres mujeres haciéndolas vagar por el campo profiriendo mugidos como si fuesen vacas y llegando a comerse a sus propios hijos.

Porque además tanto daba que el comportamiento de la mujer fuera ejemplar; igualmente podía recibir castigo. Los crueles azotes que recibía en Alea un grupo de mujeres durante las fiestas de las Agrionias se debía al recuerdo de las hijas de Minias, las únicas que se negaron a tomar parte y permanecieron en sus casas, afanosas, decentes, aguardando el regreso de sus esposos. Dioniso intentó primero seducirlas por las buenas, bajo la apariencia de un hermoso joven, pero no consiguió nada. El dios manifestó su enfado convirtiéndose en toro, y como esto no pareció impresionar mucho, después se hizo león, y finalmente pantera. Aterrorizadas por este derroche de fenómenos paranormales, las jóvenes, siguiendo la costumbre, enloquecieron. Sintieron deseos de engullir carne humana, y entre las tres despedazaron a uno de sus hijitos. Dioniso transformó a una en ratón, a otra en lechuza y a la tercera en búho, y los griegos rememoraban el acontecimiento organizando cada dos años una fiesta llamada Skiereia que consistía en maltratar mujeres. En palabras del profesor Walter F. Otto, “la famosa crueldad de esta costumbre burla cualquier interpretación inocua”.




Dioniso bajó a los infiernos en busca de su madre, que había muerto consumida por el rayo, manifestación suprema de Zeus. Tras resucitar su carne mortal se la llevó al Olimpo, en donde la entronizó con el nombre de Tione pese a la oposición de Hera.

Fue el dios de la alegría, el vino y el desenfreno. Ya los griegos lo llamaron también Baco, nombre con el que pasó a los romanos. Y hoy es un buen día para festejar a Dioniso, que como no somos griegas no nos pasará nada.



Bibliografía:
Mitología griega – F. L. Cardona 
Dioniso: mito y culto – Walter F. Otto

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Dioniso Baco



 Baco por Caravaggio

Dioniso es uno de los mitos más complejos y profundos de la Grecia antigua. Es el hijo de Zeus y de Sémele. Su educación fue confiada por Hermes a Atamante y a Ino, hermana de Sémele, tras salvarlo de las iras de Hera. Ésta, celosa y harta de llevar tantos cuernos, deseaba la muerte del pequeño por ser fruto de los amores adúlteros de su esposo. Su padre lo envió a un país llamado Nisa, donde fue cuidado por las ninfas, las cuales, en premio por sus desvelos, fueron transformadas en constelaciones con el nombre de Híades. Ellas iniciaron a Dioniso en las bellas artes, y especialmente en la armonía y el baile. Después se encargó de su educación el viejo Sileno y sus compañeros.

Siendo mozo, descubrió la forma de hacer vino con los frutos de la viña. En un principio usó del vino con moderación, pero Hera, aprovechando aquel hallazgo, volvió loco a Dioniso haciéndole caer en una aguda borrachera. Para curarse, el joven consultó un oráculo al que consiguió llegar tras franquear un marjal con la ayuda de un asno. El animal fue premiado con el don de la palabra.

Una vez curado, Dioniso emprendió largos viajes alrededor del mundo para extender el don del vino. Viajó hasta el Ática y allí fue hospedado por el rey Icario, a quien ofreció como regalo una cepa de vid. Icario tuvo la imprudencia de hacer beber vino a los pastores, quienes bajo los efectos de la borrachera lo asesinaron.




La hija de Icario, Erígone, se había enamorado de Dioniso y le había dado un hijo, el futuro héroe Estáfilo. Ella descubrió gracias a su perra Meta dónde se hallaba el cadáver de su padre y ante aquel horrible espectáculo se ahorcó en un árbol próximo. Dioniso se vengó provocando una locura colectiva entre las doncellas atenienses, que terminaban ahorcándose. Consultado el oráculo de Delfos, se supo que ello era debido a la cólera del dios por el crimen que había quedado impune. Entonces los culpables fueron castigados y en honor a Erígone se instituyó una fiesta de la que se dice que en su origen terminaba cuando algunas muchachas se colgaban de los árboles. Erígone seguramente se hubiera sentido muy honrada con tan bonito homenaje. Al menos con el tiempo tuvieron el detalle de sustituir a las jóvenes por discos en los que figuraban rostros humanos.

Recibido en Etolia por Oneas, rey de Calidón, Dioniso se enamoró de Altea, la esposa de su huésped. De estas breves relaciones nació Dejanira. Después pasó a Laconia y allí fue agasajado por el rey Dion, que tenía tres hijas. Dioniso por lo que se ve había salido a su padre, y quiso seducir a la más joven, que también se había prendado de él. Observará el lector que esto le sucedía frecuentemente, pero es comprensible, porque no todos los días se cruza un dios en el camino de una muchacha, y menos uno joven y agradable, buen bailarín, instruido en las bellas artes y dispuesto a pagar todas las copas. No es de extrañar que quedaran impresionadas, ni que las preferencias de Dioniso hacia una de ellas excitaran los celos de las hermanas mayores, que dieron el chivatazo a su padre. El dios, muy frustrado, las enloqueció convirtiéndolas en rocas, mientras que el objeto de sus deseos parece ser que tuvo una suerte tremenda, porque la premió metamorfoseándola en nogal. De donde se deduce que para los griegos ser un árbol era preferible a ser una mujer. O que a lo máximo que puede aspirar una mujer es a dar nueces, que también podría ser.



A continuación el inquieto Dioniso inició una travesía por mar, pero fue capturado por unos piratas tirrenos que lo llevaron en su navío. Viendo tanta prestancia en su persona, les pareció que tenía que ser hijo de rey, y esperaban obtener un buen rescate. Quisieron atarle con fuertes ligaduras, pero ¡oh, prodigio!, ésta se deshacían por sí solas. El piloto, mosqueado, acaba por darse cuenta de la divinidad de Dioniso, porque aquello no era normal y no cabía otra explicación. Pero sus compañeros, más obtusos y cegados por la codicia, se niegan a darle la libertad. Para ellos no valía esa excusa tan manida de la divinidad para no pagar el rescate.

Entonces se suceden una serie de prodigios capaces de convencer a cualquiera: a lo largo del navío se deslizó un vino delicioso y perfumado. Por si la indirecta no era suficiente, una viña sujetó sus ramas a la vela en plan descarado. Y para mayor golpe de efecto, el dios se convirtió en un león. Esto fue lo más eficaz. Dioniso se podría haber ahorrado el resto de la puesta en escena, porque al ver el león los marineros se arrojaron de cabeza al mar, y yo hubiera hecho lo mismo. Fueron todos convertidos en delfines, salvándose solo el piloto por haber sido más listo. Ello explica que los delfines sean amigos de los hombres, porque son piratas arrepentidos que se esfuerzan por salvar a los náufragos.

Y dado que estamos a punto de lanzarnos todos a una celebración dionisiaca de las antológicas, continuaremos el próximo día con las andanzas de este muchacho.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Margarita Estuardo, Delfina de Francia


Alain Chartier, por Edmund Blair Leighton


Margarita era hija del rey Jacobo I de Escocia y de Juana de Beaufort. Nació en Perth en 1424, y aún no había cumplido los doce años cuando el 24 de junio de 1436 la casaron en Tours con el Delfín Luis, hijo de Carlos VII y un año mayor que ella.

Margarita era una preciosa niña rubia, encantadora y llena de gracia, como sucedía frecuentemente entre los Estuardo, y se sentía inclinada hacia la poesía. Su suegro la adoraba, y pronto se hizo muy popular entre los cortesanos franceses.

El matrimonio, en cambio, fue un desastre desde el principio. El Delfín, futuro Luis XI, no podía ser más opuesto. Carecía de cualquier asomo de la delicadeza de la bella niña, y cuando al año siguiente se decidió que era llegado el momento de consumar el matrimonio, a su regreso de una victoriosa campaña militar y ansioso por cumplir con su misión, procedió a ello apenas echó pie a tierra. Dejó a sus padres y a sus ministros sin detenerse a recoger parabienes, tomó a su frágil esposa de la mano y la arrastró hasta la alcoba que ella acababa de abandonar. Allí, exaltado aún por su victoria de la víspera, atacó a Margarita con el mismo frenesí que a las murallas de Château-Landon.

Triunfó en su empeño, pero sus asaltos fueron tan furiosos que la joven princesa tuvo que guardar cama dos días. Después, durante una semana el Delfín se entregó a tales excesos que agotó a Margarita y alteró su salud. Al cabo de ese tiempo Luis se marchó para entablar otros combates.

Margarita no iba a ver a menudo a su ardiente marido, porque, colocado al frente de una rebelión contra su padre, se vio arrastrado a una serie de aventuras que le mantuvieron largo tiempo alejado de la corte. La Delfina frecuentemente apoyaba al rey en estas diferencias con su hijo, lo que no contribuía a facilitar un acercamiento entre ambos esposos.


Luis XI

Cuando Luis regresó a la corte Margarita tenía 16 años. La soledad la había vuelto aún más soñadora, sentimental y melancólica. Pasaba las noches componiendo poemas, o conversando sobre el tierno amor con jóvenes ansiosos de complacerla. Pero ¡ay!, el Delfín no era amante de las bellas letras; a él le era indiferente que existiera el Paraíso del Amor. Estos poemas y estas reuniones le molestaban. Suspicaz y celoso, pensó que Margarita, con más rimas que juicio, lo engañaba, y la hizo vigilar por su chambelán, un individuo rechoncho, de pocas luces y lleno de veneno llamado Jamet du Tillay.

Una noche éste entró en los aposentos de la Delfina cuando tenía lugar la sesión de poesía. Había algunas damas sentadas al amor de la lumbre, pero ésa era la única iluminación en la estancia. En la penumbra divisó a Margarita tendida en la cama, entre dos favoritos que le prodigaban sus atenciones.

—¡Es excesiva tacañería que a esta hora las antorchas todavía no estén encendidas! —exclamó el chambelán.

Después, cerrando la puerta de golpe, corrió a contarle a Luis lo que había visto. El Delfín se creyó engañado y a partir de entonces convirtió en un infierno la vida de su mujer, a quien además reprochaba no haberle dado hijos.

—¡Ya conozco vuestras costumbres, y haré que cesen! —gritaba.

Y es que Jamet la acusaba de comer manzanas verdes y beber vinagre para evitar un embarazo. Se decía, también que llevaba un corsé fuertemente apretado por el terror que le inspiraba la idea de ser madre. Calumniada, injuriada, ultrajada de ese modo, Margarita cayó en una profunda depresión hasta acabar por verse atacada de neurastenia.


Carlos VII


El 7 de agosto de 1444 había salido a pasear con sus damas. Era un día muy caluroso, y a su regreso se despojó de casi todas sus ropas en su cámara. A la mañana siguiente tenía fiebre, y el doctor diagnosticó una inflamación de los pulmones. A cuantos acudían a la cabecera de su cama les decía que tenía el corazón jubiloso, ya que su único deseo era morir cuanto antes. Una de sus damas le dijo que a los 20 años una Delfina no debía tener pensamientos tan sombríos.

—Tengo razones para estar triste por lo que dicen de mí, pues juro que se condene mi alma si he hecho nada de lo que se me acusa, y ni aun haberlo pensado.

Unos días más tarde volvió a caer en la melancolía:

—¡Oh, Jamet, Jamet! Si muero es por vos y por las malas palabras que habéis dicho de mí, sin causa ni razón.

Luego, golpeándose el pecho, añadió:

—Tomo a Dios por testigo, y a mi alma, y al bautismo que recibí en la pila, de que jamás fui desleal a mi señor ni le fui infiel.

El 14 de agosto la Delfina se debilitó bruscamente. El 15 entró en agonía, y el 16, tras murmurar: “Adiós a la vida, que nunca más me hablen de ella”, expiró.

—Nuestra esposa ha muerto de un abuso de poesía —comentó Luis cínicamente.

Luego salió del dormitorio sin demostrar el menor pesar y salió de viaje inmediatamente para no tener que asistir a los funerales.


Margarita Estuardo


La leyenda persiguió el recuerdo de Margarita, haciéndola protagonista de un episodio que en otras ocasiones señala a Ana de bretaña. Nació así el relato de cómo un día, viendo al poeta Alain Chartier dormido sobre un banco, le besó en los labios, diciendo a quienes se habían asombrado:

—No he besado al hombre, sino a la boca de la que han brotado tantas bellas frases y tan virtuosas palabras.

Esta anécdota tantas veces recogida es absolutamente falsa, puesto que Chartier murió en 1430, cuando Margarita no contaba aún seis años.

sábado, 26 de diciembre de 2009

La Alegoría


El Jardín de las Delicias - El Bosco
 Alrededor de un estanque lleno de mujeres cabalga un grupo de hombres en lo que se interpreta como una alegoría del deseo sexual.


La alegoría, del griego allegorein, hablar figuradamente, es una representación simbólica de ideas abstractas por medio de figuras. No tiene otra relación con la mitología que la de prestarle rasgos con los que embellecer o hacer más expresiva la fábula. Por lo demás es libre, y no sigue más leyes que las del capricho y la imaginación.

Las divinidades alegóricas han debido su nacimiento a los orientales, que presentaban siempre sus discursos llenos de metáforas o frases figuradas. Este modo de hablar alegóricamente anima el discurso, lo hace más expresivo y más fácil de comprender. La imaginación ardiente de los poetas encontró aquí un manantial inagotable de bellezas, las metáforas se hicieron alegorías.

Algunas alegorías han sido igualmente temas de célebres lienzos como los que muestran las imágenes. Otras de las más conocidas son:

La Paz. Se la hace hija de Júpiter y de Temis, que es la Justicia. Se la presenta bajo la forma de una matrona con aire dulce y encantador. Tiene en una mano una pequeña estatua de Plutus, y en la otra un manojo de espigas, rosas y ramos de olivo, con una media corona de laurel en la cabeza.


Alegoría de la Pintura - Vermeer


El Terror. Se le pinta con una cabeza de león sobre un cuerpo desnudo de mujer. Tiene en una mano un manojo de serpientes unidas a una antorcha encendida, y en la otra un puñal.

El Favor. Se le da por padres al Talento y a la Fortuna. La envidia le persigue de continuo y él la huye como su madre, con un pie sobre una rueda y el otro en el aire. Se le supone caprichoso, y sus alas le sirven para huir de las manos de aquellos que creen apoderarse de él. Aunque en medio de las riquezas, de los honores, de los placeres, no está sin temor ni zozobra; y para colmo de su desgracia una espesa venda le tapa los ojos y le priva de la luz del día y de la felicidad de elegir a aquellos a quienes más debe distinguir entre la multitud.

La Verdad. Es hija de Saturno, o más bien del tiempo. Su vestido es muy sencillo, y las más de las veces se la representa desnuda. Su figura es noble y cándida: tiene en la mano un espejo donde se la ve tal como es ella.

La Mentira. Se la representa como una mujer de rostro afable. Su lenguaje es seductor. Trae su origen del Infierno. Se le atribuye muchas veces el encargo de conducir las sombras de los muertos al Tártaro. En este caso es Mercurio el dios de la mentira, o de la elocuencia engañosa.


Alegoría del Amor - Francisco de Goya


El Honor. Los romanos erigieron un templo a esta divinidad, y para dar al mismo tiempo a los hombres una lección de cómo podrían hacerlo propicio, colocaron su templo al lado del de la Virtud, de manera que era preciso, para entrar en aquel, pasar antes por este último. Esto era para enseñar a los hombres que no puede llegarse al honor si no es por el camino de la virtud.

El Fanatismo. Adornado con las sagradas vestiduras de la religión, parece continuamente atormentado por las Furias, y no desear más que el crimen y la desgracia. Sus ojos están cubiertos con una venda, como los de la Ignorancia. En una mano lleva una antorcha encendida para abrasar los corazones e inspirarles su rabia, y en la otra un puñal para descargar un mortífero golpe contra los sabios que no participan de su ignorancia y furores.

La Fama. Era la mensajera de Júpiter. Iba noche y día y se colocaba sobre los lugares más elevados para publicar toda clase de novedades, pues le era imposible callar nada un solo instante. Los poetas la representaban como un monstruo alado, de una talla gigantesca, que tenía tantas bocas, lenguas, oídos y ojos como plumas se veían sobre su cuerpo. Pero ordinariamente se la representa con la forma de una mujer que atraviesa por los aires con la ayuda de sus grandes alas, llevando en la mano dos trompetas para anunciar lo bueno y lo malo.



Bibliografía:

La Mitología, vol.2 – Pierre Blanchard

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Feliz Navidad




Joyeux Noël et Bonne Année (Francés)

Merry Christmas (Inglés)

Feliz Navidad (Castellano)





Bo Nadal e bo ano novo (Gallego)

Bon nadal i un bon any nou! (Catalán)

Zorionak eta Urte Berri On (Euskera)

Bones Navidaes y Gayoleru anu nuevu! (Asturiano)

Bon Nadal i millor any nou (Valenciano)



Y por orden alfabético:



Froeliche Weinachten und ein gluckishes Neues Jahr (Alemán)

I'D Miilad Said ous Sana Saida (Árabe)

Suvo baro din (bengalí)

Nedeleg laouen na bloav ezh mat (bretón)

Vasel koleda (búlgaro)

Seng Dan Fai Lok, Sang Nian Fai Lok (cantonés)

Prejeme Vam Vesele Vanoce a stastny Novy Rok (checo)

Sretan Bozic (Croata)

Glaedelig Jul (Danés)

Jutdlime pivdluarit ukiortame pivdluaritlo (Esquimal)

Vesele Vianoce. A stastlivy Novy Rok (Eslovaco)

Vesele bozicne praznike in srecno novo leto (Esloveno)

Gajan Kristnaskon (Esperanto)

Rõõmsaid Jõulupühi (Estoniano)

Hyvää Joulua / Hauskaa Joulua (Finés)

Zalig Kerstfeest en Gelukkig nieuw jaar (Flamenco)

Kala Christougenna Kieftihismenos / Kenourios Chronos (Griego)

Mele Kalikimaka (hawaiano)

Mo'adim Lesimkha. Shana Tova (Hebreo)

Vrolijk Kerstfeest en een Gelukkig Nieuwjaar (Holandés)

Kellemes Karacsonyiunnepeket & Boldog Új Évet (Húngaro)

Selamat Hari Natal (Indonesio)

Nollaig Shona Dhuit (Irlandes)

Gledileg Jol og Farsaelt Komandi ar (Islandés)

Buon Natale e Felice Anno Nuovo (Italiano)

Shinnen omedeto. Kurisumasu Omedeto (Japonés)

Natale hilare et Annum Nuovo! (Latín)

Prieci'gus Ziemsve'tkus un Laimi'gu Jauno Gadu (Letón)

Linksmu Kaledu (Lituano)

Streken Bozhik (Macedonio)

Selamat Hari Natal (Malayo)

Nixtieklek Milied tajjeb u is-sena t-tabja (Maltés)

Kung His Hsin Nien bing Chu Shen Tan (Mandarín)

Meri Kirihimete (Maorí)

God Jul og Godt Nyttar (Noruego)

Polit nadal e bona annada (Occitano)

Bikpela hamamas blong dispela Krismas na Nupela yia i go long yu Tok Pisin (Papúa Nueva Guinea)

Wesolych Swiat Bozego Narodzenia i Szczesliwego Nowego Roku (Polaco)

Boas Festas e um feliz Ano Novo (Portugués)

Mata-Ki-Te-Rangi. Te-Pito-O-Te-Henua (Rapa-nui)

Sarbatori vesele (Rumano)

Pozdrevlyayu s prazdnikom Rozhdestva is Novim Godom (Ruso)

Hristos se rodi (Serbio)

God Jul och Gott Nytt Ar (Sueco)

Krismas Njema Na Heri Za Mwaka Mpya (Swahili)

Noeliniz Ve Yeni Yiliniz Kutlu Olsun (Turco)

Veseloho Vam Rizdva i Shchastlyvoho Novoho Roku! (Ucraniano)

Sinifesela Ukhisimusi Omuhle Nonyaka Omusha Onempumelelo (Zulú)

martes, 22 de diciembre de 2009

El verdadero mosquetero Athos


Se llamaba Armand de Sillègue d’Athos d’Autevielle. Athos es el nombre de un pueblo entre Sauveterre-de-Béarn y Oraas. Las familias Athos y Sillègue se habían enriquecido con el comercio, adquiriendo derecho a título de nobleza.

A comienzos de siglo XVII Adrien de Sillègue, Señor de Athos y de Auteville se casa con la señorita de Peyré (o du Peyrer), prima hermana de Arnaud Jean de Peyrer, conde de Troisvilles (Tréville), que años más tarde llegaría a ser el jefe de los mosqueteros. De su unión nacerán dos hijos. Armand, el menor, nació entre 1615 y 1620 según las fuentes. Como su hermano mayor, Jean, heredaría los señoríos, a Armand sólo le quedaba el monasterio o el ejército, y eligió sin dudar la vida militar. Entra en la compañía de mosqueteros del rey gracias a su tío Tréville, hacia 1640.

Athos encuentra trágicamente la muerte el 21 de diciembre de 1643 en el Pré-aux-Clercs, en París, lugar de cita de los duelistas de la época, aunque Alejandro Dumas lo hizo morir en 1672. Su acta de defunción se conserva en los registros de la iglesia de Saint-Sulpice:

Convoy, service et enterrement du deffunct Armand Athos dautebielle, mousquetaire de la garde du Roi, gentilhomme de Béarn, pris proche la halle du Pré au Clercs.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Madame d'Aulnoy en la corte española III



Observé que era muy raro ver a una mujer picada de viruela, enfermedad que ha de ser menos frecuente que entre nosotros, a pesar de lo cual abusan del afeite, al punto de parecer charoladas, porque emplean un barniz hecho de claras de huevo batido con azúcar cande. Se depilan las cejas, dejándolas reducidas a una línea muy tenue, en lo posible continua, de sien a sien. Su principal belleza reside en los ojos, vivos y expresivos. Los dientes, iguales y blancos, las favorecerían mucho también si no los descuidasen, estropeándolos con el abuso del azúcar y el chocolate. Tienen, al igual que los hombres, el feo hábito de hurgárselos en público con un palillo...


Muchísimas gracias y un abrazo para madame Nikkita, del blog Holocausto en Español, gracias a la cual he podido solucionar el enorme problema que tenía con el blog. Disculpen que les haya ido ofreciendo el texto en varias entradas, pero eran pruebas que iba haciendo. Creo que ya puedo afirmar que está arreglado.

Madame d'Aulnoy en la corte española II


 La infanta Margarita por Carreño de Miranda

...No se estila lucir las señoras un único aderezo como en Francia, sino ir cubiertas de joyas; en vez de collares llevan cadenas o bandas de diamantes, perlas, rubíes, esmeraldas y otras gemas, pulseras, sortijas y pendientes pesadísimos con colgantes estrambóticos, tales como relojes, llaves o cascabeles. En Mangas y  hombros ponen profusión de agnus dei e imágenes de santos, y en el pelo alfileres con cabeza de diamante o mariposas cuyos colores imitan piedras preciosas; pero todas estas alhajas están mal fabricadas por impericia de los joyeros, que no saben sujetar  los diamantes sin cubrirlos de oro casi por completo. Los peinados difieren mucho; llevan una raya al lado, recogiendo el pelo al otro, después de cubrir la frente y dándole tanto brillo que es posible mirarse en él; gastan algunos postizos, indignos de su cabello natural, generalmente admirable.

Madame d'Aulnoy en la corte de España


 La reina María Luisa

...Las españolas no usan tacones. Andan muy deprisa, como si patinasen, con soltura y gracia que no tenemos las francesas... El corpiño, sin ballenas o pequeñísimas, alto por delante, deja ver media espalda, espectáculo nada atractivo, a causa de la extrema delgadez que impone la moda y del color moreno de la piel, perceptible a pesar del colorete y del óptimo blanquete, usados con muy poco arte. Correctas y finas de facciones, prodigan los ademanes afectados. Consideran los pechos antiestéticos y desde muy jóvenes procuran evitar que crezcan. Sus manos son perfectas, pequeñas y blancas.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Moda femenina en el Siglo de Oro

Las Meninas - Velázquez

Del atavío de una mujer elegante, o deseosa de serlo, en la corte española del Siglo de Oro, tenemos un detallado relato de la época salido de la pluma de Madame d’Aulnoy.

Marie-Catherine le Jumel de Barneville, Baronesa d'Aulnoy, en quien se dice que se inspiró Alejandro Dumas para su personaje de Milady de Winter en Los Tres Mosqueteros, fue una escritora francesa de agitada vida, mezclada en turbios asuntos de espionaje y hasta posiblemente de asesinato. Vivió durante la segunda mitad del siglo XVII y alcanzó la fama, curiosamente, por sus cuentos de hadas, así como por la descripción de su viaje a España, país en el que se refugió huyendo de las consecuencias de una acusación de traición contra su esposo que se demostró falsa, asunto que ella misma habría instigado.

Llegó a plantearse la duda de que alguna vez visitara el país, porque la baronesa muestra una gran tendencia a la exageración y a inventarse cosas o adornarlas con detalles de su cosecha, y en no pocas ocasiones la crónica parece una reelaboración de informaciones procedentes de testimonios de otros viajeros. Sin embargo los especialistas parecen haber encontrado pruebas suficientes de su presencia en España, siendo bien recibida en la corte, por lo que dan por auténtico el relato aun con todas sus inexactitudes.

Madame d’Aulnoy nos describe cómo se pintaba y perfumaba una señora amiga suya:

…Luego cogió un frasco lleno de colorete, y con un pincel se lo puso no sólo en las mejillas, en la barba, en los labios, en las orejas y en la frente, sino también en las palmas de las manos y en los hombros. Díjome que así se pintaba todas las noches al acostarse y todas las mañanas al levantarse; que no le agradaba mucho acicalarse de tal modo, y que de buena gana dejaría de usar el colorete; pero que, siendo una costumbre tan admitida, no era posible prescindir, apareciendo, por muy buenos colores que se tuvieran, pálida como una enferma, cuando se comparan los naturales con los debidos a los afeites de otras damas. Una de sus doncellas la perfumó luego desde los pies a la cabeza con excelentes pastillas; otra la roció con agua de azahar, tomada sorbo a sorbo, y, con los dientes cerrados, impelida en tenues gotas para refrescar el cuerpo de su señora. Díjome que nada estropeaba tanto los dientes como esta manera de rociar; pero que así el agua olía mucho mejor, lo cual dudo, y me parece muy desagradable que una vieja, como la que cumplía tal empleo, arroje a la cara de una dama el agua que tiene en la boca.

La misma baronesa d’Aulnoy nos ofrece también la siguiente descripción de una señora:

Estaba sin gorro ni cofia, separados por la mitad los cabellos, atados detrás de la cabeza con una cinta y enfundados en tafetán rojo. Era su camisa de lienzo finísimo, tan amplia que parecía alba de clérigo, con mangas iguales en tamaño a las de los hombres, abotonadas en la muñeca con diamantes y ribeteadas, así como el cuello, con seda de tejido floreado, azul y color de carne. Llevaba puños de tafetán blancos y descansaba sobre varias almohadas, atadas con cintas y guarnecidas con ancho y fino encaje. Me pareció muy linda la colcha, de puntilla española, hecha con seda y oro sobre dibujos de flores. La cama era toda ella de cobre sobredorado; tenía boliches de marfil y ébano; y adornaban la cabecera cuatro filas de pequeños balustres de cobre, muy bien cincelados.

Pidiome licencia para levantarse; pero cuando se hubo de calzar mandó cerrar con llave la puerta de la habitación y correr el pestillo. Preguntele intrigada contra quién iban tan severas precauciones, y me contestó estar advertida de haber llegado conmigo varios caballeros españoles, y antes de exponerse a que pudieran ellos ver desnudos sus pies prefería la muerte.

Al cabo de un tiempo Luis XIV concedió el perdón a la baronesa d’Aulnoy, se cree que como premio a los importantes servicios que le había rendido como agente secreto en la corte española. A su regreso a París fundó un salón literario y vivió pacíficamente, dedicada por entero a la literatura, con la que cosechó grandes éxitos.
Próximamente espero ofrecerles más material acerca de Madame d’Aulnoy y de sus crónicas.

martes, 15 de diciembre de 2009

Alarico II, Rey de los Godos

Sello de Alarico II


En diciembre de 484 el godo Eurico había trasladado su corte a Arles, en la soleada Provenza. Era el monarca más poderoso de Occidente. Ya residiera en Burdeos, Barcelona, Tolosa o Arles, en torno a él se apiñaba un curioso cuerpo diplomático formado por piratas sajones, borgoñones de gigantesca estatura, rudos francos y refinados embajadores de Constantinopla, Ravena o Persia.

En su corte, el lujo y la suntuosidad de las fiestas y banquetes dejaban estupefactos a los visitantes. Allí pasaba sus horas en dulce molicie el príncipe Alarico, el cual era la desesperación de su padre. Isidoro de Sevilla cuenta que durante su juventud Alarico no hizo otra cosa que “llevar una vida ociosa y pasar el tiempo en comilonas”. Una de sus concubinas, llamada Arcaagna, le había dado ya un hijo, Gesaleico. A fin de cuentas, aunque eran monógamos, el adulterio sólo era castigado en las mujeres. No obstante, los hijos habidos de concubinas eran considerados ilegítimos.


Y allí en la corte de Eurico brillaba entre todos la hermosa reina Ragnagilda, sobre cuya belleza ha llegado hasta nosotros un poema encargado por un acaudalado galorromano llamado Evodio. Éste buscaba el modo de ganarse el favor del rey y decidió recurrir a Ragnagilda. A tal fin encargó a un orfebre una gran copa de plata labrada, en forma de concha con asas, y luego pidió a su amigo el poeta Sidonio Apolinar que le escribiera una dedicatoria para grabarla en el vaso:

La concha en la que el horrible Tritón pasea a Venus Apenas iguala a esta bella albornía. Inclina sobre ella tu Majestad soberana y recibe, Poderosa patrona, este humilde presente. Dígnate acoger con bondad a tu cliente Evodio: Haciéndole grande, tú misma te encumbrarás. Que tú, cuyo padre, suegro y marido se han sentado En su regio trono, veas también a tu hijo reinar a la muerte de su padre. ¡Dichoso licor que, encerrado en este metal refulgente, logrará acariciar los labios aún más tersos de la reina! Cuando ella se digne acercar su rostro a esta copa, Será el reflejo de su belleza el que dará brillo a su plata.

Eurico murió en Arles aquel mismo invierno del año 484. Le sucedió su hijo, que reinó como Alarico II. El nuevo rey no pensaba complicarse la existencia con ambiciosas y duras campañas, sino vivir a sus anchas. Lo consiguió bastante bien durante los primeros años, hasta que Clodoveo, rey de los francos, manifestó ciertas apetencias territoriales sobre las ricas provincias que los visigodos poseían allende los Pirineos.

Moneda de Alarico II

Alarico, preocupado, comprendió que debía iniciar los preparativos de guerra, pero el ejército visigodo llevaba demasiados años sin combatir. Una embajada del rey ostrogodo Teodorico vino entonces en su ayuda, proponiéndole una alianza que habría de sellarse con el matrimonio entre el propio Alarico y Teudigota, hija natural de Teodorico.

El ostrogodo, como rey de Italia, se sentía heredero de la dignidad imperial e intentaba construir una especie de imperio familiar. Así, en el espacio de pocos años casó a Teudigota con Alarico, a su otra hija Ostgoda con Segismundo, rey de Borgoña; a su hermana Amalafreda con Trasimundo, rey de los vándalos, mientras que él mismo desposó a Audefledas, hermana de Clodoveo. De ese modo Alarico se convertía en sobrino de Clodoveo, por lo que pensó que éste ya no se atrevería a atacarlo.

Se equivocaba. El franco no se ablandó, y Alarico comenzó a pensar en serio en la guerra.

—¡Ni Atila fue capaz de amedrentar a los visigodos! —exclamó ante el consejo de ancianos.

Bautismo de Clodoveo

Como había gastado el tesoro real en banquetes y concubinas, hubo de procurarse recursos acuñando moneda de baja ley. Luego movilizó a todos los varones capaces de llevar armas. Un día llegó a la corte una embajada del rey ostrogodo pidiendo un poco de serenidad:

Aunque es cierto que, en caso de guerra, podrás confiar en la ayuda de tus muchos parientes, y también en el vigor de tu misma nación visigoda, que supo vencer y amedrentar al poderoso rey Atila, sin embargo, bien sabes que el mejor acero pierde su filo en la ociosidad y no es prudente exponer las tropas a una guerra después de tan larga falta de ejercicio… Espera, pues, que vayan mis embajadores al rey de los francos…

Las gestiones de Teodorico lograron aplazar el conflicto. Incluso hubo un pacífico encuentro entre los dos reyes enfrentados en una isla del Loira, cerca de Amboise, y llegaron a una especie de concordia.

Alarico agradeció a Teodorico sus servicios dándole un nieto al que, en honor a la familia Amala a la que pertenecía el ostrogodo, llamó Amalarico.

Breviario de Alarico o Lex Romana Visigothorum

Pero esto no significó la paz, porque el principal enemigo de los visigodos, arrianos, era el clero católico, deseoso de un príncipe de su religión. Clodoveo lo era, y no cesaban de incitarlo a tomar posesión de sus ciudades.

El rey franco sólo esperaba un pretexto que le permitiera justificarse ante Teodorico, y la suerte se lo procuró pronto: su embajador en la corte visigoda sufrió un accidente. Hospedado en un piso viejo y endeble, se hundió la tarima y cayó entre los escombros rompiéndose un brazo. Clodoveo lo consideró una provocación y rompió las hostilidades.

En el campo de batalla el ejército godo, sorprendido y desentrenado, fue totalmente deshecho en Vouillé, junto a Poitiers. Alarico murió en el combate. Era el año 507.


domingo, 13 de diciembre de 2009

Costumbres de los romanos

Casa romana


En toda familia romana mandaba el cabeza de familia o paterfamilias. La mujer o matrona, aunque no desempeñaba cargos públicos, regía el hogar y era tenida en consideración junto a su esposo. Los niños, hasta la pubertad, se educaban juntos. Luego las niñas se dedicaban al hogar y se casaban muy pronto —a los 14 años ya se las consideraba adultas—, mientras que los niños se consagraban al estudio y a las armas.

La casa romana, de uno o dos pisos, era muy sobria hacia el exterior y se articulaba alrededor de uno o dos patios interiores en uno de los cuales había un pequeño estanque. A este patio daban las habitaciones y el salón comedor.

Casa romana

Las comidas romanas principales —más propiamente cenas— se hacían al atardecer, tumbados los comensales alrededor de la mesa. Se comía con los dedos y, para los platos con salsa, se usaban como cucharas trozos de pan que luego se arrojaban a los animales.

El pan no tenía levadura, ya que ésta no se usó hasta el siglo IV. Se trataba en realidad de unas tortas de trigo, antecedentes de las actuales pizzas. La comida de los soldados se componía de tortas de ese estilo con queso y panceta. El pan era el alimento más común. Sólo los nabos rivalizaban con él en popularidad.


El vino se tomaba siempre aguado, generalmente caliente, mezclado con miel e incluso con resina.

El plato más codiciado era el pescado. Los romanos que podían permitírselo eran grandes comilones, y la costumbre de vomitar para volver a comer estaba muy extendida.

Triclinio

En cuanto al vestido, los romanos eran muy monótonos, y cualquier novedad era muy comentada. El vestido consistía en una túnica —hasta las rodillas en los hombres y hasta los pies en las mujeres— y una toga, gruesa en invierno y fina en verano. El único color admitido era el blanco, que se blanqueaba con vapores de azufre. Sólo los magistrados y los sacerdotes podían usar franjas de púrpura. También los muchachos, porque los romanos les atribuían carácter sagrado.

En lo que respecta al calzado, la calidad del material empleado marcaba la categoría de clase.

Vestimenta romana

Hasta el siglo III a. C. los hombres llevaron barba. Luego, la familia de los Escipiones, que imitaba todo lo griego, impuso la moda del afeitado, costumbre que en Grecia había iniciado Alejandro Magno. El emperador Adriano, que tenía una mancha en la cara, volvió a poner de moda la barba en el siglo II d. C.

Las mujeres coqueteaban con el pelo. Aquí era la esposa del emperador quien marcaba la pauta. Como la moda evolucionaba, existen muchos bustos de mujeres en los que el cabello está hecho de otra pieza, para poder sustituirlo en cualquier momento. Teñirse el pelo era frecuente —sobre todo de pelirrojo—; pero los colores más llamativos, como el rubio y el azul, sólo los usaban las cortesanas.

La calvicie se consideraba un deshonor, así que se recurría a pelucas y postizos, a echarse todo el pelo hacia delante, como hacía Julio César, o, cuando esto tampoco era suficiente, a presentarse siempre en público tocado con la corona de laurel.

Los romanos dedicaban gran parte de su tiempo a las termas, baños públicos muy completos, dotados también de espacios para el deporte. Las mujeres acudían por las mañanas y los hombres por las tardes. También se acudía al foro, especie de mercado que progresivamente fue haciéndose más monumental, para charlar y ponerse al día en las últimas novedades.

Termas

Bibilografía: El Imperio Romano – José L. Cortés Salinas

Lotería de Navidad


Cayetano, desde su blog La tinaja de Diógenes, ha sido tan amable de ofrecer a esta página una participación para el sorteo de lotería nacional.

Las personas elegidas por mí para compartirlo deberán, si desean participar, dirigirsea esta entrada al blog de alasdeplomo cuyo link incluyo aquí, del cual partió la iniciativa y donde constan todas las normas a seguir para formalizar su participación.

Creo que la mayoría de ustedes ya han ido recibiendo su invitación, así que pondré en mi lista a algunos blogs que me parece que aún no lo tienen:


-La Hija de la Lágrima
-Halcones en la Historia
-Oculimundi
-Los recuerdos de nuestros abuelos
-Meli
-La página escondida

martes, 8 de diciembre de 2009

La escritura rúnica


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La escritura rúnica era conocida por todos los pueblos germánicos. Aparentemente, los daneses utilizaron las runas desde comienzos del siglo II, los noruegos las empleaban ya en el siglo III, los anglosajones en el VI. Pero fue sobre todo entre los siglos IX y XI cuando más se utilizó esta escritura, principalmente por parte de los pueblos escandinavos.

El alfabeto rúnico tomaba su nombre de los seis primeros caracteres que lo componían (futhark). En su origen, estaba formado por veinticuatro caracteres (aeldre futhark). En tiempos de los vikingos, ese número se había reducido a 16 (yngre futhark).

Los caracteres rúnicos estaban formados por rasgos fáciles de pintar o de grabar con cuchillo en la madera o el hueso. La escritura desempeñaba un papel mágico, pero también servía para la comunicación. Las runas (runa significa misterio), cuya invención se atribuye a Odín, constituían un lenguaje esotérico al que sólo tenían acceso algunos iniciados. Se les atribuían numerosos poderes. Gracias a ellas, se podía despertar el amor en los corazones más fríos, conocer el porvenir, ponerse en contacto con los muertos, transformar a un hombre en animal, curar enfermedades, provocar o disipar las tempestades… El contenido del mensaje no era lo esencial. El simple hecho de grabarlas bastaba para conferirles un efecto mágico. Antes de partir en expedición, algunos vikingos grababan runas en el timón de su barco o en la empuñadura de su espada.


Dejando aparte este uso esotérico, los escandinavos empleaban las runas, sobre todo hacia el final de la era vikinga, cuando querían dejar mensajes a la posteridad, conservar el recuerdo de seres queridos o de acontecimientos importantes, o, simplemente, para indicar el nombre del propietario de un objeto.

Las inscripciones simplemente pintadas desaparecieron hace mucho tiempo, y la podredumbre acabó con las grabadas en madera, la materia más fácil de utilizar. La mayor parte de las inscripciones que han llegado hasta nosotros son piedras funerarias, encontradas principalmente en Suecia. Algunas fueron descubiertas en lugares donde nadie esperaba hallarlas. Tal es el caso de la grabada en una paletilla del león de mármol que custodia la entrada al arsenal de Venecia. Sin duda alguna, dicho león, que anteriormente estuvo en el puerto de El Pireo, en Atenas, recibió la visita de un guerrero varego al servicio de Bizancio.

No todas las inscripciones rúnicas contienen mensajes. Algunas se limitan a reproducir la lista de los caracteres del futhark. Los mensajes son siempre concisos. Un saqueador escribió en una caja para guardar joyas: “Ranvaig posee este cofre”. En Suecia existe una inscripción de unas 170 palabras, pero los mensajes de tal extensión son excepcionales.

La traducción plantea graves problemas, y algunas encontradas sobre soportes demasiado desgastados no han podido ser descifradas. Con respecto a otras, hemos de contentarnos con traducciones parciales o dudosas. El grabado era efectuado por hombres especializados, y a veces firmaban los textos.

La mayor piedra rúnica encontrada hasta el momento es la de Jelling, que data de 983-985. Presenta una forma de pirámide de tres caras, de una altura de dos metros y medio. En una de las caras nos explica que “El rey Harald (Harald Diente Azul) hizo erigir esta piedra a la gloria de Gorm, su padre, y de Tyra, su madre”. Fue este Harald quien sometió a Dinamarca y Noruega, y quien convirtió a todos los daneses al cristianismo. La segunda cara representa a Cristo en la cruz; la tercera a un monstruo y una serpiente entrelazados.

Jelling

Una de las consecuencias de la cristianización de Escandinavia, a finales del siglo X, fue la sustitución progresiva del alfabeto rúnico por el romano. La adopción por los pueblos nórdicos de esta nueva forma de expresión escrita, más fácil de utilizar, señaló el punto de partida de una auténtica literatura escandinava. Aun así, el futhark sobrevivió durante varios siglos, en particular en Islandia, donde la mayoría de las inscripciones rúnicas que se han encontrado datan del siglo XV.


Bibliografía:
Los Vikingos - Pierre Barthélemy

domingo, 6 de diciembre de 2009

Balada Jacobita



Los Jacobitas reclamaban el derecho de los reyes Estuardo a ser restaurados en el trono. La llamada Gloriosa Revolución de 1688-1689 había enviado al exilio al último rey Estuardo, Jacobo VI de Escocia y II de Inglaterra. Los Jacobitas trabajaron incansablemente, primero por su regreso, después por el de su hijo (el Viejo Pretendiente), y finalmente por el de su nieto, el príncipe Carlos Eduardo Estuardo, el Joven Pretendiente, más conocido como Bonnie Prince Charlie.

Las actividades de los clubs jacobitas están razonablemente bien documentadas. La mayoría parece haber alcanzado su máximo grado de actividad durante los años anteriores e inmediatamente posteriores a la más famosa de las revueltas que llevaron a cabo, la de 1745-1746, cuando el Joven Pretendiente se apoderó de Escocia y condujo un ejército hasta 130 millas de Londres. Apoyar la causa jacobita estaba considerado traición, y muchos clubs ocultaban sus actividades tras otras más inocentes, por ejemplo de carácter deportivo o para la caza.
Bonnie Prince Charlie
Lord Nilhisdale era uno de esos Jacobitas que apoyaba las pretensiones del Viejo Pretendiente y lo había secundado en todas las tentativas de éste por recuperar el trono de su padre. Después de la desgraciada revuelta jacobita de 1715, fue capturado junto con otros seguidores de los Estuardo y condenado a muerte.

Pero el amor dictó a su esposa un ardid para librarlo de su aciago destino. La víspera de la ejecución se permitió a todas las mujeres que fueran a despedir a sus maridos. Lady Nilhisdale entró en prisión sosteniéndose sobre dos criadas, cubierto el rostro con un pañuelo, como una mujer sumamente afligida y a punto de desvanecerse por la impresión. Cuando estuvo en presencia de su esposo, y aprovechando el momento en que le fue permitido quedarse a solas con él, que era aproximadamente de su misma estatura, le obligó a ponerse sus vestidos y a abandonar el lugar del mismo modo que ella había entrado. Le explicó que allí cerca hallaría su coche, que lo llevaría hasta orillas del Támesis. Lo había dispuesto todo para que pudiera tomar un barco que le conduciría a Francia.

Salió bien el ardid, y a las tres de la mañana el hombre se encontró sano y salvo en Calais.
El Viejo Pretendiente
Cuando poco después un sacerdote entraba en la cárcel para asistir a los reos que debían ser ejecutados, se encontró con asombro ante una mujer.

La noticia corrió como la pólvora y pronto llegó hasta el rey. A la sazón los Hanover acababan de alcanzar el trono inglés y era Jorge I quien se sentaba en él. Al consultarle la justicia lo que procedía hacer en tal situación, Jorge, seguramente admirado ante las agallas de la dama y consciente de lo impopular que podría resultar tomar represalias contra ella, dispuso que quedase en libertad.

Lady Nilhisdale vivió así un final feliz a su osado plan, y pasó de inmediato a Francia para reunirse con su esposo.
Traquair House
Una historia parecida transcurrió en la Traquair House, la casa habitada más antigua de Escocia, situada 10 kilómetros al oeste de Peebles. Tienen un museo en el que se guarda la capa usada por el cuarto conde durante su cautividad en la Torre de Londres. Bajo amenaza de muerte por su participación en las revueltas jacobitas de 1715, el conde fue rescatado por su esposa, Lady Winifred Herbert, que emborrachó a los carceleros y lo sacó a escondidas disfrazado de doncella.
El museo también cuenta con varias piezas de vidrio jacobita de las llamadas Amen Glass, es decir, que llevan grabados dibujos del Joven Pretendiente y versos o lemas en su honor terminando siempre con la palabra Amen, la última del himno jacobita The Origin of Our Own. Con ellos se brindaba por la causa, y es frecuente que incluyan una burbuja en forma de lágrima en el tallo de las copas, simbolizando el dolor por la ausencia de los Estuardo en el trono. Otros símbolos que incluyen son la corona, la brújula, que significa lealtad, y los cardos y girasoles, que representan respectivamente a Escocia y la Restauración. El símbolo de la rosa blanca alude a la dinastía.
Amen Glass
Los actuales propietarios de la casa son los Maxwell Stuart, que viven en ella desde 1491. Ha conservado muchos de los elementos más antiguos a pesar de los repetidos ataques sufridos a lo largo de la Historia por pertenecer a una familia jacobita. La escalera de caracol, al igual que en su versión medieval, esconde una salida secreta para los católicos perseguidos. Las bodegas abovedadas son aún las originales. Allí era donde en otro tiempo la población guardaba su ganado para protegerlo de los ataques de los corsarios.